Sobre rabietas y estados físicos y mentales

rabietas
Foto de Maramoto realizada por Enrique, del blog Papá llega tarde.

Estamos atravesando un último mes y medio complicado. No es que los 30 meses de antes hayan sido más fáciles, que la mamá jefa me dice que tengo tendencia a dulcificar el pasado, pero lo cierto es que las últimas semanas están siendo una locura con las rabietas, especialmente para Diana, que tras el fin de la escuela infantil es la que pasa más horas con una pequeña saltamontes en permanente estado de combustión y con la mecha muy corta y muy rápida, siempre lista para explotar, como los petardos gordos y sonoros de ‘la terreta’ de su papá en prácticas. “El caloret faller” y esas cosas. Ya sabéis.

Como he comentado por aquí en repetidas ocasiones, Maramoto siempre ha tenido mucho carácter y ha sido muy tenaz, como dice su tía Pipi, pero en las últimas semanas lo ha llevado al extremo y la pobre vive en una sucesión de enfados que la llevan a pasarse gran parte del día (por no decir tres cuartas partes del mismo) llorando, con rabietas sucesivas, largas y prolongadas (hemos llegado a contabilizar alguna de tres horas) en las que lo pasa muy mal, porque está sufriendo, pero nos sentimos incapaces de ayudarla, porque muchas veces no existe un motivo claro y tampoco atiende a razones, como por otra parte es normal.

A veces, al comentarlo a modo de desahogo (¡¿Quién nos mandará desahogarnos?!), llegan los comentarios típicos: que si hay que ponerle límites, que si es por caprichos, que si no podemos permitirlo… Los básicos de la temporada, vaya. Pero nosotros, aunque a veces mentalmente nos cueste, sabemos que sí, que podemos permitirlo, porque nuestra hija está aprendiendo a gestionar sus emociones. Y las rabietas son un paso básico. Y sabemos también que no son por una cuestión de límites, porque en casa los tenemos y a veces nos cuestan rabietas. Las menos, la verdad. La mayoría son por cosas aparentemente inocuas como un mal despertar de la siesta, una camiseta que se pone mal o una tortita que se le ha roto. Cualquier pequeño detalle puede hacer saltar la chispa.

Es más, nosotros tenemos otras explicaciones a esta racha de RABIETAS (así, en mayúsculas) y que nos parecen mucho más comprensibles: en los últimos meses Mara ha tenido muchos cambios en su vida (nuevo piso, entrada en la guarde, espera un hermanito, ha dejado la teta, está dejando el pañal…) y puede que ahora, después de madurarlos, esté dando rienda suelta a todos los sentimientos que le han generado tantas novedades consecutivas. Eso, y que tenemos la sensación de que en la escuela infantil se reprimía (o la reprimían) bastante, nos parece un cóctel bastante explosivo para una niña –no lo olvidemos- de solo dos años y medio. Cómo no entenderla.

El estado físico y mental marca la diferencia

Sea como sea, lo cierto es que las rabietas están ahí, repitiéndose en un bucle incesante, y al final somos nosotros, que somos los adultos, los que deberíamos tener las herramientas para afrontarlas, algo que no resulta del todo fácil, ya que ni nos han preparado para ello ni, por desgracia, hemos crecido la inmensa mayoría en un mundo que respetase las rabietas. Más bien todo lo contrario.  Se reprimían con cachetes, regalos, amenazas, sobornos o gritos, así que tenemos una tarea nada sencilla: dar la vuelta a la tortilla sin ejemplos a los que agarrarnos.

Y bueno, hay días en los que te sientes el mejor chef del mundo y piensas que no sólo le vas a dar la vuelta a la tortilla, sino que hasta te vas a atrever a cambiar los ingredientes. Pero luego hay otros en los que te sientes completamente superado y ves que se te quema la tortilla sin poder hacer nada por evitarlo. Y es que nadie nos ha preparado mentalmente para escuchar a una niña gritar y llorar durante horas y sin descanso; para soportar el desgaste mental que eso supone; para imaginar a diario que tus vecinos se estarán preguntando que qué le harán los padres a esa niña del tercero que siempre les sonríe por la escalera para que se pase las horas llorando y chillando.

Unos y otros días, los del gran chef y los del mediocre cocinero de uno de esos bares que visita (o visitaba, que ahora no vemos la tele) Chicote, vienen determinados en muchas ocasiones por nuestro estado mental y físico. Cómo nos han enseñado que hay que reprimir las rabietas y cada día luchamos por llevar la contraria a ese precepto, si un día estamos físicamente agotados (porque hemos dormido poco y mal) o mentalmente agotados (porque hemos tenido un mal día en el trabajo o lo que sea), tendemos a sacar a la luz el yo heredado, el que no nos gusta, el que no queremos ser, y perdemos los nervios más de la cuenta y decimos frases que no queremos decir, porque nos retrotraen a un pasado muy lejano. Y luego nos sentimos mal. Y encima arrastramos con la culpa.

Si por el contrario, en el mejor de los casos, estamos física y mentalmente descansados, somos capaces de afrontar mucho mejor las rabietas, de acompañar a nuestra hija, de intentar comprenderla y de ponernos en su lugar. Y nos acercamos más al modelo que nos gustaría poder ser, aunque ese modelo no siempre esté al alcance de nuestra mano. Esos días, curiosamente, las rabietas duran lo mismo, pero cuando conseguimos salir de ellas lo hacemos más relajados y escapamos del bucle de negatividad con mucha más facilidad. Y eso también lo notan nuestros hijos. Lástima que la vida no sea más sencilla y no siempre podamos estar al nivel que nos exigimos. Aunque quizás entonces perderíamos un poco de esa naturalidad que nos da el ser padres absolutamente imperfectos.

33 respuestas

  1. Avatar
    11 julio 2016 at 7:50 am

    La de cambios que está viviendo Mara en poco tiempo ¿verdad? No se me ocurre otra cosa que deciros ánimo y que esto también pasará. Un abrazo a todos

  2. Avatar
    11 julio 2016 at 11:24 am

    En mi caso dependía de como estuviera yo, de si era capaz de mantener la calma. Con bebécangrejo ya veremos que pasa porque si cangrejito ha sido siempre una balsa de aceite, bebecangrejo parece que va a ser un tsunami.

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    Mama encantada
    Responder
    11 julio 2016 at 11:54 am

    Curioso, dices que las rabietas son parte del desarrollo de los niños que estan aprendiendo a gestionar sus emociones y muestras “enfado” porque al comentarlo con terceros os culpan a vosotros por los limites… sin embargo tu haces lo mismo y buscas un culpable en tu caso lo achacas a la escuela infantil. Espero que no te moleste pero al final todos caemos en el error de buscar culpables cuando el comportamiento de tu hija es el normal. Un saludo y de ante mano disculpas si te ha molestado

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:47 pm

      Puede que tengas razón, compañera. Y para nada me ha molestado. En este caso, más que echar culpas, estoy intentando buscar explicaciones, porque esto es mucho más que rabietas. Y bueno, como sé cómo funcionaban en la guarde, tengo la sensación de que es posible que Mara se haya reprimido mucho allí. Y eso es mucha tensión acumulada. Pero sí, sólo es una hipotesis. ¡Gracias por el comentario y un abrazote!

      • Avatar
        14 julio 2016 at 3:00 pm

        Nos recuerda el sabio dr. González que hasta el más machista de los quillos se hacía la cama en la mili, y comían cosas que siempre habían rechazado de su madre. Todos nos reprimimos fuera de casa. Nuestro hogar está allí donde nos sintamos libres. Si Mara se reprime en la escuela y lo paga en casa, felicidades (maldita la gracia, pero felicidades): es una persona sensata.

  4. Avatar
    11 julio 2016 at 1:00 pm

    No sabes qué identificada me siento con tu post, y no sabe Mara la suerte que tiene con los padres que le ha tocado tener en esta vida. Me encantáis chicos. Un beso y ánimo.

  5. Avatar
    Inma Artal
    Responder
    11 julio 2016 at 1:02 pm

    Ayyyyy… te leo y parece que estás describiendo este último mes.. Mi bollito cumple 18 meses en unos días y estamos entrando a pasos agigantados en la fase rabietas.. hasta ahora era algún día ocasional, algún enfado esporádico.. pero ufff, llevamos un mes que es día sí y día también.. por cualquier cosa como tú bien describes.. También tiene mucho carácter, según mi madre heredado de mi por supuesto.. y hay días que me supera.. Para colmo mi marido es militar y está de misión en África, así que imagínate.. enfins.. que he sentido esto que nos cuentas.. que a veces sin querer me salta el demonio este de madre automática y le riño.. o pierdo la paciencia o me enfado con él.. luego cuando la tormenta ha pasado me mira con esos ojos de miel rodeados de pestañas kilométricas y me da un mimo diciendo ayyyyyy y me derrumbo.. me siento un bicho malo y lloro sin consuelo.. cuanto estoy aprendiendo sobre mis límites y sobre mi misma.. Mi pequeño maestro me está enseñando a despertar mi conciencia mas que todos los cursos de yoga que he hecho hasta ahora.. Que duro y que bonito a la vez.. Mucho ánimo!!.. esto también pasará.. 🙂 :*

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:45 pm

      Eres una valiente, Inma. Saldremos de ésta. Y seremos mejores. Muchas gracias por tus palabras. Y mucho ánimo. Un abrazo grande!

  6. Avatar
    11 julio 2016 at 1:24 pm

    Totalmente de acuerdo, Adrián… cómo cuesta quitarnos esas herencias! Y con el cansancio y la sociedad que nos rodea ni te cuento…

    Venga, que entre todos podemos.

    Ánimos!

  7. Avatar
    Pilar
    Responder
    11 julio 2016 at 2:11 pm

    Te entiendo perfectamente, y coincido contigo es que tomes la actitud que tomes, tengas el día relajado o torcido, las rabietas están ahí, siempre iguales,lo que cambia es tu manera de encarar las. Mi hijo mayor que ahora tiene 13 años era así, tras los 3 años que nos regaló de rabietas encadenadas debería poder dar algún consejo para al menos mejorar la situación, pero no, soy experta en sufrirlas pero no en solucionarlas. Para arrojar un poco de luz y esperanza y ahora que esperáis un nuevo bebé, te diré que reunimos el valor para tener nada más y nada menos que 3 hijos más, que alguna rabieta han tenido pero han quedado a años luz de su hermano mayor. De alguna manera nos hemos sacado esa espinita y hemos entendido que nuestro hijo se comportaba de esa forma porque sí, no hay culpables, malos padres, errores…el niño era así y punto. Un beso muy fuerte, Pilar

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:43 pm

      Qué valientes sois, Pilar. Nosotros ya nos estamos hasta planteando si hemos tomado la decisión correcta buscando otro hijo, así que os admiro mucho. Muchísimas gracias por tus palabras y por tu experiencia. Nos sirve. Y mucho. Un besazo!

      • Avatar
        14 julio 2016 at 3:03 pm

        Nunca me atrevería con 4 hijos, pero os digo yo que el segundo es una idea excelente. Os descubrirá cosas de Mara que os gustarán.

        Eso sí: nosotros pasamos un primer mes de ostracismo social, para adaptarnos los unos a los otros. Paciencia!

  8. Avatar
    11 julio 2016 at 2:37 pm

    Hola Adrian,
    Gracias x este post. Decirte que Zoe tb estuvo así hace un mes y que en vez de gritarla, dejarla estar, abandonarla en su rabieta, lo k hice fue sentarme a su altura y decirla que quería ayudarla y que estaba ahí para lo que necesitase, incluso abrazarla. Ella opto por los abrazos y creo que ese gesto nos salvó 🙂
    Son muchos cambios los de Mara, y todos juntos, de golpe. Eso tb nos revolvería a nosotros. Muchos ánimos! Lo estáis haciendo genial!

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:42 pm

      Mara no quiere saber nada de abrazos. Nos tira. “Fuera, papá”, “cállate”…y otras lindezas 😀 Saldremos de esta! Gracias, Gloria!

      • Avatar
        14 julio 2016 at 3:00 pm

        Yo también me llevé gritos, rechazos y empujones. Papá aún los recibe. Luego, cuando se le pasa, és él quien viene a buscarlos, y siempre los encuentra.

        Como profe he dado mucha importancia a poner nombre a los sentimientos del monstruo (ahora estamos aprendiendo a adivinar cómo se sienten los demás, pero es que mi monstruo ya tiene 3 años y tercio). Lo primero, como en la peli, fue distinguir alegría de tristeza (“qué contento estás hoy!” o “estás muy triste? Tienes ganas de llorar?”). Al empezar con las rabietas le conté que “estar enfadado” estaba muy bien, pero que no hacía falta pegar ni romper cosas, que podía gritar (y un día de rabia tras el nacimiento de su hermano le sorprendimos golpeando un cojín y le felicitamos efusivamente). Sé que es difícil, pero hay que tratar de validar sus sentimientos y dar alternativas socialmente correctas a las reacciones viscerales (Dios! Cómo suena eso!).

        Y sobretodo, si os sentís culpables por algo, pedid perdón (la culpa es algo subjetivo, no objetivo) y explicadle qué habéis hecho mal y porqué creéis que ha pasado: es super medicinal, además de educativo (para el niño y para los padres)!

        Por otra parte, en algún sitio he leído que las niñas son de papá y los nińs de mamá (por eso quería yo una niña, pero me han tocado dos machitos, qué le vamos a hacer). Dile a La Jefa que esté preparada por si, cuando acaben las rabietas, ella ya no es la preferida: es normal porque, si las rabietas significan la asunción de la individualidad, al hacerlo asumen también un rol social. Y a las niñas suelen gustarles los chicos (y su primer “novio” es papá) y a los chicos suelen gustarles las chicas (y su primera “novia” es mamá). (Supongo que, a medida que se vayan asimilando socialmente las sexualidades minorizadas iremos sabiendo si gais y lesbianas hacen el mismo proceso o tienen variantes ^_^)

  9. Avatar
    11 julio 2016 at 3:33 pm

    Mira, pues espero que de verdad sea cosa “del caloret” porque mi bichilla anda en una etapa similar en la que me hace pensar que esta niña ni es feliz ni disfruta de la infancia, porque hay días en las que es casi imposible verla contenta y disfrutando con algo. Todo el tiempo lo pasa de un enfado a otro. Yo suelo llevarlo bien (su papá bastante peor) pero reconozco que algún momento de flaqueza y de renuncia maternal he tenido en estas últimas semanas. Es que no hay forma de salir del bucle, ni de distraerla con otra cosa, y grita tanto que no se la puede ignorar. Ánimo, que como el resto de etapas (las buenas y las malas) esta también pasará.

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:32 pm

      “(…)en una etapa similar en la que me hace pensar que esta niña ni es feliz ni disfruta de la infancia, porque hay días en las que es casi imposible verla contenta y disfrutando con algo”. Tal cual, Lucía. Tal cual. Mucho ánimo, compañera.

  10. Avatar
    koldo
    Responder
    12 julio 2016 at 12:15 am

    Aupa!!!!!!!!!!!!!

  11. Avatar
    12 julio 2016 at 6:52 am

    ¡Mucha fuerza para estos días! Y sí, a nosotros también se nos han acumulado los cambios:calor, nueva casa, final de curso y retirada (voluntaria) de pañal.A falta de nuevo/a hermano/a, la fierecilla no quiere oír hablar de estar/ir/volver en/a casa, así que toca pegarse la sudorina o aguantar el chaparrón si toca seguir colocando cosas en el recién conquistado hogardulcehogar.
    A ver si las rabietas compartidas también son menos…muchos ánimos también para la mamá Jefa,una campeona en toda regla!

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:31 pm

      Parece que vamos a la par, compañera. Así que solo me queda mandaros muchos ánimos y desearos que salgamos de esta vivos. Para poder contarlo. Un abrazo enorme, familia.

  12. Avatar
    laura
    Responder
    12 julio 2016 at 1:33 pm

    Ay cómo me gustan tus comparaciones… y cómo me suena todo esto. Al padre de la criatura a menudo le tengo que recordar que las rabietas hasta los cinco años son normales… y cada vez nos queda menos pues nuestro hijo cumplió los cuatro años en diciembre. Pero recuerdo perfectamente aquel verano en que ya había cumplido los dos años y medio… y a mí me dio “miedo” irnos de vacaciones, así que ese verano (vale, no sólo por eso, pero también) nos fuimos simplemente al pueblo… Son etapas, vale, pero hay que sufrirlas, y si te encuentras sola a veces intentas validarle sus emociones (según Disciplina sin lágrimas) pero cuando hay público te dicen que no vale darle siempre la razón… Y ahí empiezan las culpas, y las discusiones entre papá y mamá, sobre todo cuando como bien dices estamos agotados, y entonces alguno de los dos “tendemos a sacar a la luz el yo heredado, el que no nos gusta, el que no queremos ser, y perdemos los nervios más de la cuenta y decimos frases que no queremos decir, porque nos retrotraen a un pasado muy lejano. Y luego nos sentimos mal”. Gracias, mil gracias por hablar sobre ello, estoy segura de que consuela a muchos padres/madres, que como le decía a Diana estamos en la lucha a pesar de sentirnos salmones tantas veces… Un abrazo grande y ánimo que como tantas otras cuestiones de nuestros niños “también esto pasará”.

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:30 pm

      Con ese miedo a irnos de vacaciones estamos ahora nosotros, Laura. Mara está en plan salvaje. Pegando a Diana, chillándole todo el rato y con unas rabietas nocturas que dan miedo. Pero tengo esperanza que el cambio de aires le siente bien. Llámame optimista. Mil gracias a ti siempre, Laura. Por tus palabras, por pasarte siempre por aquí y por hacernos sentir tan comprendidos. Un abrazo enorme.

  13. Avatar
    12 julio 2016 at 2:55 pm

    Me falta creatividad para buscar otra forma más de daros ánimos. No sé qué podría decir que lo haga más fácil, seguramente nada.

    Está claro que os ha tocado una situación que os va a descubrir vuestros propios límites. No sé si con el tiempo llegaréis a apreciar que ha sido en cierto modo enriquecedor, o que ha fortalecido vuestra relación, pero está claro que mientras tanto no hay palabras que consuelen o den algo de descanso después de 3 ó 5 ó 7 horas continuas de rabieta.

    En fin, Adrián y familia, siempre lo hacéis todo dando lo mejor de vosotros y aún más. En este caso no va a ser distinto, estoy seguro, así que mientras pasa, porque si todos dicen que pasa debe de ser por algo, mucho ánimo y un abrazo muy fuerte, otro más.

    • Un papá en prácticas
      12 julio 2016 at 3:28 pm

      Muchísimas gracias por estar siempre ahí, Enrique. Sois un amor. Muy grabde. Un abrazo enorme, familia. Esperamos veros pronto.

  14. Avatar
    Vane
    Responder
    12 julio 2016 at 3:59 pm

    Ay eso de que se nos escape nuestro “yo heredado” … Cómo te entiendo querido compañero…. Lo odio! no me gusta nada, porque entre otras cosas me veo reflejada en mi madre! jajaja… cosa que tampoco soporto, y claro… la culpa por no tener paciencia, por gritar o en mi caso dar un tironcito de pelo cuando tenemos prisa y no me deja peinarla… aunque intento evitar ese “yo” malo y suelo dejar que vaya peinada estilo “gili” como dice ella ( hippie ) con media cabeza en coleta y la otra suelta porque no quiere que le ponga la segunda goma…

  15. Avatar
    Ana
    Responder
    13 julio 2016 at 10:45 am

    Me parecéis unos padres 10. Nosotros hemos tenido la suerte de que nuestras hijas, si bien han tenido algunas rabietas, como todos los niños, han sido pocas y muy controladas. Y ellas sí que se dejan abrazar para calmarse cuando se pasan un poco de rosca, de hecho ellas mismas lo piden ya cuando están disgustadas.

    Debe ser durísimo estar casi todo el día viéndola enfadada y llorando, y que tu hija te pegue me parece complicadísimo de llevar. Pero os veo muy alineados a los dos con el tema, por lo que dices, y me parece que lo lleváis muy bien, dadas las circunstancias.

    Mucho ánimo, que la cosa va a ir a mejor seguro.

  16. Avatar
    Vanessa
    Responder
    13 julio 2016 at 11:26 am

    Mucho ánimo.
    Nosotros tenemos la suerte de que nuestra pequeña ha bajado la intensidad y frecuencia de las rabietas. Además ahora deja que la abrace y la bese cuando se enfada, y ella me pide un abrazo y un beso cuando me enfado yo.
    A mama jefa igual también se le hace duro gestionar las rabietas con las hormonas revueltas por el embarazo, a mi me cuesta más y pierdo antes la paciencia.
    Un abrazo para los dos

  17. Avatar
    María L
    Responder
    20 julio 2016 at 10:57 am

    Mucho ánimo y os entiendo porque nuestro peque de 2 años tambien está en plena ebullición con eso de las rabietas. Cierto es que no le duran demasiado rato, pero sí que tiene unas cuantas al día.
    Y por supuesto que influye mucho el estado de ánimo y el nivel de cansancio que tengamos papi o yo, cuando estamos cansados el nivel de paciencia baja mucho muchisimo… pero parece que son etapas que tienen que pasar.

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